martes, 22 de septiembre de 2009

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (IV)

Un nuevo tejido social, más participativo, más descentralizado

Todo proyecto en clave de utopía y de valores solidarios supone un no rotundo al tipo de tejido social polarizado, dualizado, incomunicado que hemos tenido ocasión de comprobar en esta Región de Murcia todos los días. Conviene decirlo con claridad, la opción por un tejido social plenamente solidario supone, en cierta medida, una ruptura con el modelo social y político actual. Deberá irse hacia formas de participación muy de base, a formas de descentra­lización, de desjerarquización, en donde las relaciones verticales dejen de existir para dar paso a relaciones plenamente horizontales. Tal proyecto debe incluir formas de convivencia mucho más autosuficientes que las actuales, en el terre­no cultural, de servicios sociales, incluso en algunos ámbitos de la pro­ducción.

Esto, desde luego, no va a ser nada fácil, porque se enfrenta a nuestras inercias, a nuestra cultura de la pasividad y de la despersonalización. Será difícil para los mismos partidos e instituciones políticas tan anclados en los valores jerárquicos propios de la vieja sociedad industrial. Será difícil para los sujetos históricos clásicos, algunos de ellos anclados, también, en reivindicaciones propias de una sociedad y de una problemática cultural que ya no es ni será lo que ha sido hasta ahora.
Un desafío más en clave de utopía, al que, por suerte, son ampliamente sensibles algunos de los nuevos movimientos sociales. Urgente responsabilidad, por tanto, para nuestros par­tidos políti­cos de izquierda, demasiado preocupados, a veces, por definir su propia iden­tidad, pero con escasa referencia a los nuevos problemas.

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (III)

Un nuevo mercado laboral

Este es el primer ámbito donde el proyecto en clave de utopía se hace más necesario frente a la impotencia del «sistema» para crear y garantizar empleo universal. Se está de acuerdo en que ni hoy ni presumiblemente en las próximas décadas podrá haber pleno empleo para todos los ciudadanos a tiempo completo, en el sentido keynesiano y clásico con que suele entenderse el concepto de pleno empleo. ¿Quiere esto decir que sólo nos resta la solución asistencial para conseguir que el paro sea algo «tolerable»? En realidad las políticas ac­tuales de subsidio al paro o de asistencia a la precariedad y pobreza no parecen tener más objetivo que aliviar las consecuencias provocadas por la carencia de trabajo. Pero el caso es que trabajo no falta. Si en estos momentos se quisiera atender eficazmente a las carencias reales en el terreno de la cultura, de la sanidad preventiva, de la calidad de la enseñanza, de la cooperación con zonas de la tierra menos desarrolladas, de atención a antiguos y nuevos colectivos no suficientemente atendidos (minusválidos, población anciana...), servicios sociales... serían necesarios tantos puestos de trabajo como los que se han perdido por la construcción, las reconversiones o por la introducción incontrolada de las nuevas tecnologías. Y muchos más puestos de trabajo serían necesarios si es planificada la aten­ción a nuevas necesidades culturales que necesariamente irán apareciendo.

Otra solución complementaria a las anteriores sería rescatar la antigua aspiración del movimiento obrero que ahora cobra toda su relevancia. No se trata, desde luego, de la panacea universal. Pero es una medida complementaria y, en según que casos, puede ser una solución. El objetivo, clásico ya por parte sindical, de las «35 horas» puede ser bueno en sí mismo, para paliar parte del desempleo.

¿Pero como pagamos todos estos nuevos empleos surgidos de las nuevas necesidades culturales, sociales y laborales?

Daniel Bel, nada sospechoso de utopismos fáciles, llega a afirmar que con las nuevas tecnologías ningún país debería tener bolsas de pobreza. Dice textualmente: «Una mayor productividad genera más riqueza, que es lo que se necesita, precisamente para pagar nuevos trabajos en nuevas áreas que satisfagan otras necesidades del ciudadano. Hoy en día, ninguna sociedad, ningún país, aunque parezca lo contrario (aunque parezca utópico decir esto) está condenado a tener bolsas de paro, y mucho menos con las nuevas tecnologías, que lo que hacen es solucionar problemas antes insolubles. Todos los países, incluso los más avanzados, están hoy todavía muy lejos de tener cubiertas todas sus necesidades: los museos podrían abrirse de noche, por ejemplo, o por citar otro campo, las sociedades avanzadas tienen cada vez más personas ancianas, por lo que los servicios de salud que las atienden van a tener que seguir creciendo, pero esto exige más productividad, más riqueza...» más medios de financiación

Impuestos sobre los robots, sobre la inversión tecnológica que ahorra las cotizaciones a la seguridad social, impuestos a las grandes fortunas (estilo francés), reasignación de recursos deduciéndolos de las partidas de protocolo, publicidad, sueldos de cargos públicos y de gastos públicos y privados suntuarios, son otras tantas fuentes posibles para financiar los nuevos empleos sociales.
Y es ahora, con una nueva voluntad política y cultural, como debería empezar a planificarse una política fiscal diferente, una oferta educativa alternativa, coherente con los nuevos valores, y una progresiva remodelación del Estado de Bienestar. Pero esto va a ser difícil si no existe un aliento utópico.

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (II)

Nueva oferta educativa y nuevos valores

Para mí este es el punto neurálgico de un proyecto de sociedad en clave de utopía. Nada de lo que estamos proponiendo será posible si no se da una oferta educativa capaz de fomentar las nuevas necesidades socioculturales, capaz de conectar con las necesidades del futuro mercado de traba­jo, capaz de transmitir valores que no estén basados precisamente en la compe­titividad y en el mundo del interés.

Una oferta educativa que, desde luego, debe ir MUCHO más allá de la educación reglada, superando los límites de la escuela: educación compensatoria, en muchos casos de forma prioritaria en una primera etapa, en alternancia (trabajo práctico con formación), educación de adultos, reciclaje constante ocupacional, sobre todo para los colectivos más marginados y en todos los ámbitos de la actividad humana. Oferta educativa que debe ir impregnada de valores de solidaridad, por tanto incompatibles con los modelos de enseñanza elitista y privada.
Una oferta educativa que deberá orientarse fundamentalmente para que los niños y jóvenes sean más autónomos, con una combinación adecuada de conocimientos manuales, técnicos, informáticos, culturales, de creatividad y, sobre todo, de relaciones interpersonales para la cooperación y para la solidaridad.

Una oferta educativa con una clara voluntad para cambiar radicalmente los hábitos de consumo: menos consumo material y más consumo cultural, cosa que supondrá, por otra parte, un ahorro social para financiar otras necesidades culturales.

Una oferta educativa que se libere del imperio del “Mercado Total”, y deje de estar sometida tanto a la compra y venta de conocimientos y de títulos, como a los intereses económicos de turno.

Desafío utópico, pero viable, para los docentes y comunidades educativas. Sin olvidar, claro está, una pregunta previa a la que deberá darse cumplida respuesta: ¿Quién se ocupa hoy, a corto plazo, de esos niños y jóvenes con necesidades educativas especiales, por los que, según están las cosas, nadie se atreve a apostar?... Ahí se encuentra la utopía de futuro condicionada por la apuesta utópica del presente, ya ahora.

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA

Quisiera advertir, desde este momento, que con esta serie de escritos que iré presentando en varias entregas por cuestión de espacio y para facilitar el debate, no voy a poner las bases de un proyecto nuevo de sociedad en la Región de Murcia, ni mucho menos formular recetas. Lo que voy a decir es parte de un debate en el que debéis de participar muchos de los que asiduamente leéis este blog, un debate que, en realidad, ya ha comenzado a través de la misma práctica de no pocos proyectos alternativos que se han dado en la Región de Murcia.

Invocar a la utopía como un elemento inspirador para un proyecto social no es algo que esté muy de moda. Vivimos dominados, por lo menos aparentemente, por la cultura de lo eficaz, de lo pragmático, de lo verificable. En nombre de esta cultura se ha proclamado el réquiem por las utopías. Y, sin embargo, son muchos, somos muchos los que tenemos motivos más que suficientes para buscar y proclamar un proyecto de sociedad en clave de utopía. Utopía que para nosotros ni se confunde con mito ni con quimera. Utopía es algo que no existe, aquí y ahora, pero está en el horizonte como objetivo, como inspiración de algo nuevo que puede existir. Algo «inédito pero viable», en frase de Paulo Freire.

Tenemos razones suficientes para apostar por ese horizonte utópico porque el actual sistema de “Mercado Total”, donde todo se compra y todo se vende, continúa generando situaciones de extrema desigualdad, pobreza, marginación y violencia.

Sería peligroso, sin embargo, pensar que este intento de proyecto en clave de utopía está muy bien para soñar, pero nada más. Sería peligroso y engañoso hacer caso de quienes dicen que «todo esto de perfilar un futuro alternativo es demasiado complejo y totalmente improbable». O cuando dicen que plantear tales alternativas no es sino un burdo milenarismo, o un sueño ilusorio e ingenuo o una mera quimera. No dudo en afirmar que, en la mayor parte de los casos, quienes aducen tales excusas o utilizan tales descalificativos lo hacen consciente o inconscientemente para legitimar el presente orden establecido:

«La insistencia en la improbabilidad y la complejidad del cambio son, muy a menudo, un intento de reducirlo a una mera prolongación del presente».

Para mí, sin embargo, ha quedado de manifiesto que tenemos muchas razones para buscar otros caminos, entre otras porque no deberíamos de querer ser cómplices de la condena que pesa sobre miles de hombres y mujeres aquí en la Región de Murcia, que viven en la marginación y en la exclusión social. No podemos ser cómplices de que miles de jóvenes se vean condenados a una sociedad patológicamente enferma e injusta.

No tenemos ningún motivo para creer que las actuales políticas del Sr. Valcárcel, bajo el imperio del “Ladrillazo” y “Mercado Total”, puedan ofrecer alternativas mejores, todo lo contrario, aunque es posible, y no lo niego, que en la historia de los últimos años, los ajustes espontáneos hayan servido, en determinados momentos y para determinadas situaciones, para solucionar problemas parciales o coyunturales. A pesar de esto, es menester decir, con toda rotundidad y claridad, que no hay prueba alguna, en toda la historia de la humanidad, que demuestre que los ajustes espontáneos de la ley de la oferta y de la demanda hayan contribuido a fomentar o crear estructuras estables de igualdad en los diferentes ámbitos de la vida: cultural, económico o de consumo. Han servido para crear riqueza, nadie lo niega. Pero de esta riqueza sólo se han beneficiado, mayoritariamente, los grupos y sectores dominantes. A su lado, ¡cuántos se han quedado marginados y caídos en la cuneta del progreso!, y nadie, salvo excepciones, se ha preocupado de ellos, nadie ha hablado de ellos, porque no eran del sistema, no tenían voz, no eran rentables.

Todas estas razones y muchas más son las que me empujan a compartir con vosotros mis reflexiones y a apostar por un proyecto de sociedad en clave de utopía, proyecto del que queda mucho por imaginar y por experimentar. Proyecto que, en su totalidad por lo menos, es inviable en el contexto del actual sistema de gobierno del PP en la Región. Pero esto no puede ser una excusa para renunciar a él. Más aún, este proyecto técnicamente puede empezar ya a ser planificado y ser llevado a la práctica, por lo menos en parte, como está demostrado.

Sea lo que sea, nadie nos puede impedir a nosotros, y a tantos otros, vivir, ya ahora, nuevos espacios de libertad y de creatividad, aunque sea al margen y en contra del sistema. En cualquier caso el proyecto de sociedad en clave de utopía no es algo que surge de la nada, parte de unas experiencias; debe planificarse ya desde ahora con una nueva voluntad política y cultural. Debemos luchar por él. Con los debates que sean necesarios y abriendo espacios para el dialogo con los movimientos sindicales, con los partidos políticos y los movimientos sociales, que con frecuencia son los que más cercanos y más sensibles están a las nuevas realidades.
Sería preocupante y trágico que careciésemos de modelos alternativos en clave de utopía, y que fuéramos incapaces de apostar por algo distinto, aunque no nos conste cuándo podrá ser una realidad.