jueves, 1 de septiembre de 2011

Tendríamos que haber gritado: “Sin utopía, no hay futuro”

“Para un socialismo nuevo en nuestra Región, la Utopía continua siendo necesaria. La Utopía de la que hablamos, la compartimos con decenas de personas que nos precedieron y con cientos que hoy viven y luchan por lograr otro modelo de partido. Para nosotros, esta utopía está en construcción, somos obreros de la Utopía”.


Antes tenía sueños sobre el PSRM, soñaba con un partido que recorría su camino junto a los ciudadanos de esta Región, que daba espacio a la gente que piensa con más amplitud; que daba soluciones a los problemas y necesidades reales. Soñaba con un partido joven. Hoy ya no tengo más esos sueños. Ahora como un militante de base después de 8 años en primera línea de la política municipal, a mis 31 años de edad, vivo con rebeldía y mucha indignación el actual estado del PSRM, con una sensación de impotencia y, al mismo tiempo, con la voluntad radical de denunciar y combatir las grandes causas de este hecho. Olvidamos demasiado fácil que esta situación ha sido provocada, fundamentalmente, por una manera de hacer y entender la política desacertada, de espaldas a los ciudadanos de esta Región. Es irritante ver a nuestros actuales dirigentes, y a toda la oligarquía, justificando todos los errores, como si nada hubiese pasado o todo estuviese ya arreglado. No hay que tener miedo a la autocrítica, solo desde la autocrítica se puede generar confianza en la sociedad y por lo tanto ganar en credibilidad. Nuestros dirigentes deben de empezar a entender que el cargo que uno ocupa siempre está a disposición del partido, es la militancia la que debe disponer de él.

En el PSRM necesitamos proyectos e ideas nuevas, la militancia está cansada de ser utilizada, la enfermedad de nuestro partido no se cura con aspirinas ni con el paso del tiempo y mucho menos con una conferencia de organización o un comité electoral donde no se da voz a todos y solo están los mismos de siempre. Hoy más que nunca es la hora de redefinir el proyecto socialista, analizar con sensatez y sin improvisar argumentos intuitivos o a la carta, porque solo desde el conocimiento real de aquellos factores que generan la desafección del electorado podremos reenfocar las políticas para que nuestro partido vuelva a ser una alternativa creíble. El PSRM debe ser un instrumento útil para realizar nuestros sueños e ideales, pero siempre deben estar en consonancia con los sueños e ideales de los ciudadanos de nuestra Región. Empecemos a pensar el futuro, más con los ciudadanos y menos como políticos. En la convulsa coyuntura actual, tanto de partido como regional, profesamos la vigencia de muchos sueños sociales y políticos, a los que de ningún modo podemos renunciar, tenemos que ocuparnos de los temas presentes y futuros ofreciendo respuestas reales a problemas concretos. Debemos seguir rechazando la política de gasto incontrolado y de amiguismo del PP, el copago, el modelo de crecimiento insostenible de Valcárcel, la alta tasa de paro y, por supuesto, como socialistas, nos comprometemos con los ciudadanos a participar en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para crear una democracia de “alta intensidad” en Murcia.

La alternativa, para las bases socialistas, es creer realmente que "Otro modelo de partido es posible", y entregarse individualmente y en lo colectivo, a su construcción. La escasa formación política, la ambición desmesurada, la falta de lealtad, el afán conspiratorio y la cortedad de miras de la mayoría de los cuadros dirigentes del PSRM son la raíz de esta situación, y solamente hay un camino para que nuestro partido vuelva a la senda que nunca debió de abandonar: socializar las estructuras, renovar personas, recuperar la identidad, adecuar los mensajes a la realidad, limitar la permanencia en los cargos y tener personalidad para ir construyendo un partido, igualitario y plural. Solamente la edificación sobre estos cimientos podrá salvar al PSRM de la situación en la que se encuentra. Es utopía, pero una utopía "necesaria como el pan de cada día", porque sin utopía, no hay futuro en nuestro partido.

lunes, 29 de agosto de 2011

Ya no hay excusas: es hora de cambiar o cambiar (versión 22 de Mayo)

“Los obstáculos principales para una visión exitosa de futuro son el temor al cambio, la ignorancia, la incertidumbre acerca del futuro y la falta de imaginación de quien lidera o dice liderar”.


Hoy me gustaría reflexionar junto a vosotros sobre el proceso electoral en el que nos hemos visto inmersos. Sin duda, se trataba de un momento muy esperado por todos aquellos que nos gusta la política y que creemos en la necesidad de pisar la calle y acercarnos al ciudadano, porque es eso lo que realmente da sentido a nuestro trabajo. Por eso, y tras un rotundo varapalo en las elecciones municipales y autonómicas, ha llegado la hora de trabajar intensamente para construir un proyecto real y capaz de devolver la ilusión a los ciudadanos. Es el momento de involucrar a todos, de unir esfuerzos y demostrar que somos capaces de consolidar varias ideas fuerza que nos conecten con la ciudadanía, porque es a ellos a quienes debemos transmitir nuestro mensaje. Ha llegado la hora en que los actuales dirigentes del PSRM no tienen más opción que la de cambiar o cambiar, porque si bien ellos no son el problema de nuestro partido y de nuestra región, también han demostrado que ellos no son la solución.

Sin duda, es un momento complicado, tanto por la situación económica que asola nuestra región como por la imagen que algunos han creado de quienes ponemos nuestro tiempo y dedicación al servicio de los ciudadanos. Tenemos la obligación, en el PSRM, de recuperar la esencia de nuestras convicciones, el sentido de nuestro compromiso con la política y los valores socialistas, que están muy lejos de la imagen dada por quienes luchan por ocupar un puesto desde el que abusar de un poder malentendido. Estamos muy lejos del Partido Popular y, sobre todo, de sus cargos públicos acusados en este momento de corrupción e implicados en algún proceso judicial. Nosotros no somos eso y no debemos consentir que se nos trate a todos por igual.

Es hora de escuchar al ciudadano, de vivir y sentir su realidad, de abandonar los despachos y los coches oficiales para crear un proyecto que conecte con el entorno que nos rodea. No es momento de grandes promesas que nunca se podrán cumplir, de obras faraónicas que incrementan el nivel de endeudamiento actual y el de las generaciones futuras, es hora de garantizar a los ciudadanos que sus servicios y necesidades básicas estarán cubiertos, que las políticas socialistas son las que les garantizan la calidad en su vida diaria. Y es hora, más que nunca, de imaginar el futuro que queremos para los próximos 30 años, de empezar a construir la realidad que vivirán los jóvenes de hoy en día y que garantizarán el bienestar de nuestros mayores. Sin duda, para alguien con vocación de servicio y con convicciones políticas, esta es la etapa más gratificante que puede vivirse. La tarea ahora consiste en pisar la calle y mirar a los ojos de la gente, pero siempre con la seguridad de que contamos detrás con un proyecto sólido de partido en el que respaldarnos, y eso ahora mismo en el PSRM no lo tenemos.

Nuestro objetivo no es otro que acabar una etapa de gobierno del Partido Popular en Murcia que ya dura demasiado. Es momento de desenmascarar una forma de hacer política que nos ha llevado al endeudamiento más extremo, al último puesto en la cola de los servicios más básicos para una sociedad (como son la sanidad o la educación) e incluso a sentir vergüenza por determinadas personas que, pese a dedicarse a lo mismo que nosotros, han demostrado tener objetivos muy distintos. Porque los socialistas no somos así, porque no todos somos iguales y porque la sociedad necesita un cambio, es hora de trabajar en nuestro partido para construir e ilusionar. Ya no hay excusas, no hay más tiempo que perder, es necesario concretar proyectos, ideas fuerza y estrategias claras para trazar de una vez por todas una hoja de ruta socialista que ponga fin a la etapa del PP en Murcia. Ya no hay más excusas, es hora de cambiar o cambiar en nuestro partido, el Partido Socialista Obrero Español de la Región de Murcia.

sábado, 9 de octubre de 2010

Ya no hay excusas: es hora de ganar o ganar

"Los obstáculos principales para una visión exitosa de futuro son el temor al cambio, la ignorancia, la incertidumbre acerca del futuro y la falta de imaginación de quien lidera o dice liderar".

Hoy me gustaría reflexionar junto a vosotros sobre el proceso electoral en el que pronto nos veremos inmersos. Sin duda, se trata de un momento muy esperado por todos aquellos que nos gusta la política y que creemos en la necesidad de pisar la calle y acercarnos al ciudadano, porque es eso lo que realmente da sentido a nuestro trabajo. Por eso, y a ocho escasos meses para las próximas elecciones municipales y autonómicas, ha llegado la hora de trabajar intensamente para construir un proyecto real y capaz de devolver la ilusión a los ciudadanos. Es el momento de involucrar a todos, de unir esfuerzos y demostrar que somos capaces de consolidar varias ideas fuerza que nos conecten con la ciudadanía, porque es a ellos a quienes debemos transmitir nuestro mensaje. Ha llegado la hora en que el PSRM no tiene más opción que ganar las elecciones del próximo 22 de mayo. Tras los escándalos de corrupción que estamos viviendo, después de consentir una continua burla a las instituciones, una permanente confrontación con el Gobierno de España y una absoluta dejadez y desvergüenza por parte del PP, de nada sirve obtener un resultado similar a anteriores procesos, ni tan siquiera ganar uno o dos diputados. La única opción creíble será sacar a los populares de San Esteban, ésa es la responsabilidad a la que ahora se enfrenta Begoña García Retegui, de quien espero el máximo esfuerzo, compromiso y corresponsabilidad para que así sea.

Sin duda, es un momento complicado, tanto por la situación económica en la que nos vemos inmersos como por la imagen que algunos han creado de quienes ponemos nuestro tiempo y dedicación al servicio de los ciudadanos. Es nuestra obligación recuperar la esencia de nuestras convicciones, el sentido de nuestro compromiso con la política y los valores socialistas, que están muy lejos de la imagen dada por quienes luchan por ocupar un puesto desde el que abusar de un poder malentendido. Estamos muy lejos del Partido Popular y, sobre todo, de sus cargos públicos acusados en este momento de corrupción e implicados en algún proceso judicial. Nosotros no somos eso y no debemos consentir que se nos trate a todos por igual.

Es hora de escuchar al ciudadano, de vivir y sentir su realidad, de abandonar los despachos y los coches oficiales para crear un proyecto que conecte con el entorno que nos rodea. No es momento de grandes promesas que nunca se podrán cumplir, de obras faraónicas que incrementan el nivel de endeudamiento actual y el de las generaciones futuras, es hora de garantizar a los ciudadanos que sus servicios y necesidades básicas estarán cubiertos, que las políticas socialistas son las que les garantizan la calidad en su vida diaria. Y es hora, más que nunca, de imaginar el futuro que queremos para los próximos 30 años, de empezar a construir la realidad que vivirán los jóvenes de hoy en día y que garantizarán el bienestar de nuestros mayores.

Estas líneas básicas que debe trazar el PSRM servirán también de base para todos aquellos compañeros que se enfrentan al reto, pero también a la apasionante experiencia, de participar en las próximas elecciones municipales. Sin duda, para alguien con vocación de servicio y con convicciones políticas, esta es la etapa más gratificante que puede vivirse. Ellos necesitan de nuestra ayuda, de la de todos los militantes, porque es un reto ante el que nadie debe sentirse sólo. Su tarea ahora consiste en pisar la calle y mirar a los ojos de su gente, pero siempre con la seguridad de que cuentan detrás con un proyecto sólido de partido en el que respaldarse.

Nuestro objetivo no es otro que acabar una etapa de gobierno del Partido Popular en Murcia que ya dura demasiado. Es momento de desenmascarar una forma de hacer política que nos ha llevado al endeudamiento más extremo, al último puesto en la cola de los servicios más básicos para una sociedad (como son la sanidad o la educación) e incluso a sentir vergüenza por determinadas personas que, pese a dedicarse a lo mismo que nosotros, han demostrado tener objetivos muy distintos. Porque los socialistas no somos así, porque no todos somos iguales y porque la sociedad necesita un cambio, es hora de trabajar para construir e ilusionar. Ya no hay excusas, no hay más tiempo que perder, es necesario concretar proyectos, ideas fuerza y estrategias claras para trazar de una vez por todas una hoja de ruta socialista que ponga fin a la etapa del PP en Murcia. Para eso, siempre podrán contar conmigo.

martes, 22 de septiembre de 2009

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (IV)

Un nuevo tejido social, más participativo, más descentralizado

Todo proyecto en clave de utopía y de valores solidarios supone un no rotundo al tipo de tejido social polarizado, dualizado, incomunicado que hemos tenido ocasión de comprobar en esta Región de Murcia todos los días. Conviene decirlo con claridad, la opción por un tejido social plenamente solidario supone, en cierta medida, una ruptura con el modelo social y político actual. Deberá irse hacia formas de participación muy de base, a formas de descentra­lización, de desjerarquización, en donde las relaciones verticales dejen de existir para dar paso a relaciones plenamente horizontales. Tal proyecto debe incluir formas de convivencia mucho más autosuficientes que las actuales, en el terre­no cultural, de servicios sociales, incluso en algunos ámbitos de la pro­ducción.

Esto, desde luego, no va a ser nada fácil, porque se enfrenta a nuestras inercias, a nuestra cultura de la pasividad y de la despersonalización. Será difícil para los mismos partidos e instituciones políticas tan anclados en los valores jerárquicos propios de la vieja sociedad industrial. Será difícil para los sujetos históricos clásicos, algunos de ellos anclados, también, en reivindicaciones propias de una sociedad y de una problemática cultural que ya no es ni será lo que ha sido hasta ahora.
Un desafío más en clave de utopía, al que, por suerte, son ampliamente sensibles algunos de los nuevos movimientos sociales. Urgente responsabilidad, por tanto, para nuestros par­tidos políti­cos de izquierda, demasiado preocupados, a veces, por definir su propia iden­tidad, pero con escasa referencia a los nuevos problemas.

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (III)

Un nuevo mercado laboral

Este es el primer ámbito donde el proyecto en clave de utopía se hace más necesario frente a la impotencia del «sistema» para crear y garantizar empleo universal. Se está de acuerdo en que ni hoy ni presumiblemente en las próximas décadas podrá haber pleno empleo para todos los ciudadanos a tiempo completo, en el sentido keynesiano y clásico con que suele entenderse el concepto de pleno empleo. ¿Quiere esto decir que sólo nos resta la solución asistencial para conseguir que el paro sea algo «tolerable»? En realidad las políticas ac­tuales de subsidio al paro o de asistencia a la precariedad y pobreza no parecen tener más objetivo que aliviar las consecuencias provocadas por la carencia de trabajo. Pero el caso es que trabajo no falta. Si en estos momentos se quisiera atender eficazmente a las carencias reales en el terreno de la cultura, de la sanidad preventiva, de la calidad de la enseñanza, de la cooperación con zonas de la tierra menos desarrolladas, de atención a antiguos y nuevos colectivos no suficientemente atendidos (minusválidos, población anciana...), servicios sociales... serían necesarios tantos puestos de trabajo como los que se han perdido por la construcción, las reconversiones o por la introducción incontrolada de las nuevas tecnologías. Y muchos más puestos de trabajo serían necesarios si es planificada la aten­ción a nuevas necesidades culturales que necesariamente irán apareciendo.

Otra solución complementaria a las anteriores sería rescatar la antigua aspiración del movimiento obrero que ahora cobra toda su relevancia. No se trata, desde luego, de la panacea universal. Pero es una medida complementaria y, en según que casos, puede ser una solución. El objetivo, clásico ya por parte sindical, de las «35 horas» puede ser bueno en sí mismo, para paliar parte del desempleo.

¿Pero como pagamos todos estos nuevos empleos surgidos de las nuevas necesidades culturales, sociales y laborales?

Daniel Bel, nada sospechoso de utopismos fáciles, llega a afirmar que con las nuevas tecnologías ningún país debería tener bolsas de pobreza. Dice textualmente: «Una mayor productividad genera más riqueza, que es lo que se necesita, precisamente para pagar nuevos trabajos en nuevas áreas que satisfagan otras necesidades del ciudadano. Hoy en día, ninguna sociedad, ningún país, aunque parezca lo contrario (aunque parezca utópico decir esto) está condenado a tener bolsas de paro, y mucho menos con las nuevas tecnologías, que lo que hacen es solucionar problemas antes insolubles. Todos los países, incluso los más avanzados, están hoy todavía muy lejos de tener cubiertas todas sus necesidades: los museos podrían abrirse de noche, por ejemplo, o por citar otro campo, las sociedades avanzadas tienen cada vez más personas ancianas, por lo que los servicios de salud que las atienden van a tener que seguir creciendo, pero esto exige más productividad, más riqueza...» más medios de financiación

Impuestos sobre los robots, sobre la inversión tecnológica que ahorra las cotizaciones a la seguridad social, impuestos a las grandes fortunas (estilo francés), reasignación de recursos deduciéndolos de las partidas de protocolo, publicidad, sueldos de cargos públicos y de gastos públicos y privados suntuarios, son otras tantas fuentes posibles para financiar los nuevos empleos sociales.
Y es ahora, con una nueva voluntad política y cultural, como debería empezar a planificarse una política fiscal diferente, una oferta educativa alternativa, coherente con los nuevos valores, y una progresiva remodelación del Estado de Bienestar. Pero esto va a ser difícil si no existe un aliento utópico.

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (II)

Nueva oferta educativa y nuevos valores

Para mí este es el punto neurálgico de un proyecto de sociedad en clave de utopía. Nada de lo que estamos proponiendo será posible si no se da una oferta educativa capaz de fomentar las nuevas necesidades socioculturales, capaz de conectar con las necesidades del futuro mercado de traba­jo, capaz de transmitir valores que no estén basados precisamente en la compe­titividad y en el mundo del interés.

Una oferta educativa que, desde luego, debe ir MUCHO más allá de la educación reglada, superando los límites de la escuela: educación compensatoria, en muchos casos de forma prioritaria en una primera etapa, en alternancia (trabajo práctico con formación), educación de adultos, reciclaje constante ocupacional, sobre todo para los colectivos más marginados y en todos los ámbitos de la actividad humana. Oferta educativa que debe ir impregnada de valores de solidaridad, por tanto incompatibles con los modelos de enseñanza elitista y privada.
Una oferta educativa que deberá orientarse fundamentalmente para que los niños y jóvenes sean más autónomos, con una combinación adecuada de conocimientos manuales, técnicos, informáticos, culturales, de creatividad y, sobre todo, de relaciones interpersonales para la cooperación y para la solidaridad.

Una oferta educativa con una clara voluntad para cambiar radicalmente los hábitos de consumo: menos consumo material y más consumo cultural, cosa que supondrá, por otra parte, un ahorro social para financiar otras necesidades culturales.

Una oferta educativa que se libere del imperio del “Mercado Total”, y deje de estar sometida tanto a la compra y venta de conocimientos y de títulos, como a los intereses económicos de turno.

Desafío utópico, pero viable, para los docentes y comunidades educativas. Sin olvidar, claro está, una pregunta previa a la que deberá darse cumplida respuesta: ¿Quién se ocupa hoy, a corto plazo, de esos niños y jóvenes con necesidades educativas especiales, por los que, según están las cosas, nadie se atreve a apostar?... Ahí se encuentra la utopía de futuro condicionada por la apuesta utópica del presente, ya ahora.

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA

Quisiera advertir, desde este momento, que con esta serie de escritos que iré presentando en varias entregas por cuestión de espacio y para facilitar el debate, no voy a poner las bases de un proyecto nuevo de sociedad en la Región de Murcia, ni mucho menos formular recetas. Lo que voy a decir es parte de un debate en el que debéis de participar muchos de los que asiduamente leéis este blog, un debate que, en realidad, ya ha comenzado a través de la misma práctica de no pocos proyectos alternativos que se han dado en la Región de Murcia.

Invocar a la utopía como un elemento inspirador para un proyecto social no es algo que esté muy de moda. Vivimos dominados, por lo menos aparentemente, por la cultura de lo eficaz, de lo pragmático, de lo verificable. En nombre de esta cultura se ha proclamado el réquiem por las utopías. Y, sin embargo, son muchos, somos muchos los que tenemos motivos más que suficientes para buscar y proclamar un proyecto de sociedad en clave de utopía. Utopía que para nosotros ni se confunde con mito ni con quimera. Utopía es algo que no existe, aquí y ahora, pero está en el horizonte como objetivo, como inspiración de algo nuevo que puede existir. Algo «inédito pero viable», en frase de Paulo Freire.

Tenemos razones suficientes para apostar por ese horizonte utópico porque el actual sistema de “Mercado Total”, donde todo se compra y todo se vende, continúa generando situaciones de extrema desigualdad, pobreza, marginación y violencia.

Sería peligroso, sin embargo, pensar que este intento de proyecto en clave de utopía está muy bien para soñar, pero nada más. Sería peligroso y engañoso hacer caso de quienes dicen que «todo esto de perfilar un futuro alternativo es demasiado complejo y totalmente improbable». O cuando dicen que plantear tales alternativas no es sino un burdo milenarismo, o un sueño ilusorio e ingenuo o una mera quimera. No dudo en afirmar que, en la mayor parte de los casos, quienes aducen tales excusas o utilizan tales descalificativos lo hacen consciente o inconscientemente para legitimar el presente orden establecido:

«La insistencia en la improbabilidad y la complejidad del cambio son, muy a menudo, un intento de reducirlo a una mera prolongación del presente».

Para mí, sin embargo, ha quedado de manifiesto que tenemos muchas razones para buscar otros caminos, entre otras porque no deberíamos de querer ser cómplices de la condena que pesa sobre miles de hombres y mujeres aquí en la Región de Murcia, que viven en la marginación y en la exclusión social. No podemos ser cómplices de que miles de jóvenes se vean condenados a una sociedad patológicamente enferma e injusta.

No tenemos ningún motivo para creer que las actuales políticas del Sr. Valcárcel, bajo el imperio del “Ladrillazo” y “Mercado Total”, puedan ofrecer alternativas mejores, todo lo contrario, aunque es posible, y no lo niego, que en la historia de los últimos años, los ajustes espontáneos hayan servido, en determinados momentos y para determinadas situaciones, para solucionar problemas parciales o coyunturales. A pesar de esto, es menester decir, con toda rotundidad y claridad, que no hay prueba alguna, en toda la historia de la humanidad, que demuestre que los ajustes espontáneos de la ley de la oferta y de la demanda hayan contribuido a fomentar o crear estructuras estables de igualdad en los diferentes ámbitos de la vida: cultural, económico o de consumo. Han servido para crear riqueza, nadie lo niega. Pero de esta riqueza sólo se han beneficiado, mayoritariamente, los grupos y sectores dominantes. A su lado, ¡cuántos se han quedado marginados y caídos en la cuneta del progreso!, y nadie, salvo excepciones, se ha preocupado de ellos, nadie ha hablado de ellos, porque no eran del sistema, no tenían voz, no eran rentables.

Todas estas razones y muchas más son las que me empujan a compartir con vosotros mis reflexiones y a apostar por un proyecto de sociedad en clave de utopía, proyecto del que queda mucho por imaginar y por experimentar. Proyecto que, en su totalidad por lo menos, es inviable en el contexto del actual sistema de gobierno del PP en la Región. Pero esto no puede ser una excusa para renunciar a él. Más aún, este proyecto técnicamente puede empezar ya a ser planificado y ser llevado a la práctica, por lo menos en parte, como está demostrado.

Sea lo que sea, nadie nos puede impedir a nosotros, y a tantos otros, vivir, ya ahora, nuevos espacios de libertad y de creatividad, aunque sea al margen y en contra del sistema. En cualquier caso el proyecto de sociedad en clave de utopía no es algo que surge de la nada, parte de unas experiencias; debe planificarse ya desde ahora con una nueva voluntad política y cultural. Debemos luchar por él. Con los debates que sean necesarios y abriendo espacios para el dialogo con los movimientos sindicales, con los partidos políticos y los movimientos sociales, que con frecuencia son los que más cercanos y más sensibles están a las nuevas realidades.
Sería preocupante y trágico que careciésemos de modelos alternativos en clave de utopía, y que fuéramos incapaces de apostar por algo distinto, aunque no nos conste cuándo podrá ser una realidad.