miércoles, 22 de octubre de 2008

DEMOCRACIA Y JUVENTUD

Reflexiones sobre la Democracia y la participación de los jóvenes.


Es cada vez más difícil la inserción de los jóvenes en el mundo del trabajo dirigido por el capital. El acceso a la educación básica aumenta en cantidad pero decae en calidad.
Los jóvenes muchas veces se ven obligados a seguir la vida de sus padres y abuelos. se puede decir que cada vez es menor la realización sustantiva de sus derechos sociales, cada vez menos pueden autoconstruirse y actuar en la perspectiva de la construcción de una verdadera democracia. Empleos precarios, sin derechos laborales, esa es la lucha diaria de la mayor parte de la juventud... una lucha por la supervivencia. De ahí sigue que los jóvenes queden afectados por una gran apatía política, como anestesiados, frente a la situación dramática que viven. Antes que sentirse desafiados a construir un país democrático, se ven empujados a luchar por las condiciones materiales de la vida. Se puede afirmar que la democracia es muy frágil, y esta restringida a los marcos formales, muy limitada como posibilidad de una ciudadanía sustantiva y legítima para las mayorías.
De aquí se deriva una gran dificultad para que el joven se perciba como sujeto histórico, capaz de transformar la realidad y, por tanto, de participar efectivamente en la construcción democrática. La democracia no es un discurso para ser recitado de memoria, sino algo a ser construido a partir de prácticas sociales que deben enraizarse en el tejido social.
Los jóvenes son educados y formados por aspiraciones individuales, que se refieren al éxito personal en el empleo en el estudio. Hay en nuestra subjetividad una idea fuerte de competencia, y no de socialización y de compartir. Esa es una marca que el neoliberalismo procura imprimir en cada persona para que pueda garantizar la lógica de la reproducción del capital, y de esa forma quede legitimado en la vida particular de cada persona. La individualización y la competencia son “ideas-fuerza” para la construcción y el mantenimiento del sistema de explotación del ser humano por el propio ser humano. Por eso, son necesarios nuevos procesos educativos que incentiven el sentido colectivo y la autonomía indispensables para que se construyan nuevas subjetividades, encarnadas con principios nuevos, como la justicia y la solidaridad, base en la cual será enraizado el compromiso ético de inagurar otra sociedad, en la que recrearemos los procesos de socialización, estimulando relaciones sociales que no se basen en la explotación, sino que abran camino hacia la común-unidad. Nos desafía entonces la urgencia de dar voz a las manifestaciones engendradas y de garantizar visibilidad y organización a los procesos que nos singularizan, pués nos fortalecen, oponiendo toda resistencia que podamos a los principios homogeneizantes del liberalismo.

En definitiva, ¿hacia donde debemos ir?

Debemos dar más protagonismo a los jóvenes en los diferentes movimientos sociales que se alzan en nuestra sociedad, procurando por diversos caminos transformar la sociedad en una perspectiva democrática y socialista. “La lucha por la democracia es inseparable de la lucha por el socialismo”. En una sociedad burguesa como la que tenemos en pleno S.XXI, en la que las necesidades e intereses colectivos, o sea, de los pobres, oprimidos y desarrapados del mundo, son suprimidos o radicalmente reducidos por la acción de los opresores.
Luchemos por la transformación de ese escenario, repleto de piedras en el camino, que dificultan su construcción. Así, la democracia exige defensores apasionados que entiendan que ella solo puede hacerse palpable para todos si vivimos una nueva praxis en tres aspectos fundamentales: sustancial, representativo y participativo. Es preciso inagurar una nueva democracia que a partir de su significado literal sea actualizada y superada, y sea anunciada y vivida como condición necesaria para todo ser humano.

Debemos cultivar, en la organización de cada microespacio, valores y practicas que busquen una transformación estructural de la sociedad en que vivimos, tanto en la esfera cultural como en la política.

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