martes, 17 de junio de 2008

La Democracia que duele

A mi forma de ver las cosas, la democracia actual, no es democracia, se limita a votar, callar y ver la tele. No es democracia participativa, es cuando mucho, delegada o representativa; pero ¿representativa de que intereses y delegada con que controles?.
Hemos construido una democracia que empalaga y que indigna en una sociedad con claros síntomas de "fatiga democrática". Tenemos gobiernos de corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones, en definitiva una democracia de los pocos, con los pocos y para los pocos. Ilusos aquellos que creemos lo del gobierno del pueblo y para el pueblo, ahora que nuestras vidas se engloban en populismos ilusorios y en sarcasmos neoliberales.
Pero que nadie entienda en mis palabras una resignación o una tristeza insalvable, lejos del conformismo, esta situación requiere una contestación categórica de los millones de personas que soñamos que "otro mundo es posible", debemos de exigir y ayudar a hacer "otra democracia". Creo que es la hora de dar el paso y exigir y hacer ese otro mundo como necesario y urgente.
Por eso necesitamos otra democracia, la exigimos como un derecho fundamental de las personas y de los pueblos, en todas las latitudes. Porque exigimos para todas las personas y para todos los pueblos los derechos básicos y los derechos complementarios. No podemos aceptar una democracia-privilegio, una democracia primer mundo y menos aún una democracia -imperial, "a punta de pistola, con su ordeno y mando", de los hijos de los de siempre.
Abramos puertas y ventanas, quitemos el oxido de los viejos engranajes, porque la democracia cabe en todas las vidas y en todas las culturas.
Todos los timbales, todas las campanas, todos los gongs, pueden y deben convocar a la democracia integral, a la ciudadanía universal, para que este mundo malherido, desconcertado y todavía impenitentemente soñador, sea casa feliz de una nueva sociedad.

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