La experiencia del XIII Congreso del PSRM
Hace unos meses acudí como “espectador de paja” al XIII congreso del PSRM en la Región de Murcia. Este Congreso pretendía ser una fiesta de la democracia en torno a un dialogo sereno. Pretendía ser un congreso bien entendido, en el más amplio sentido del término, entero, radiante, como un sol que iluminase a todos por igual. Ahora bién, solo un espíritu perverso, optimista hasta el cinismo, osaría proclamar hoy, que resulto tal y como lo concebimos los más idealistas.
Nació como idea de futuro, como una entusiasmante bandera cívica para sacudir conciencias, movilizar voluntades y conmover corazones... pero termino con las ideas de cambios profundos, de unos y de otros (de críticos y oficialistas) despreciadas y arrojadas al cubo de la basura de las formulas mágicas que el uso canso y deformo, para dar lugar a un “mercadeo” obscenamente triunfante. No progresamos... retrocedemos.
Y cada vez se ira volviendo más absurdo hablar de “cambios” si nos empeñamos en el equivoco de identificarlos únicamente con los cargos y las personas. Ningún militante eligió a sus representantes para que los llevasen al “mercadeo”.
No faltaran sensibilidades delicadas que encuentren escandaloso y provocador lo que acabo de decir, aunque ellos mismos tengan que admitir que no he hecho más que enunciar algunas verdades elementales y transparentes, datos conocidos de la experiencia cotidiana de todos los que asistimos al congreso, simples observaciones de sentido común.
Esto me lleva a concluir que antes de que pensemos en exportar simulacros de democracia y “saber hacer” para nuestra Región, deberíamos encontrar la manera de producirla y distribuirla en nuestro partido. Creo firmemente que el PSRM necesita mucho más que la ilusión del cambio... necesita cambiar.
Hace unos meses acudí como “espectador de paja” al XIII congreso del PSRM en la Región de Murcia. Este Congreso pretendía ser una fiesta de la democracia en torno a un dialogo sereno. Pretendía ser un congreso bien entendido, en el más amplio sentido del término, entero, radiante, como un sol que iluminase a todos por igual. Ahora bién, solo un espíritu perverso, optimista hasta el cinismo, osaría proclamar hoy, que resulto tal y como lo concebimos los más idealistas.
Nació como idea de futuro, como una entusiasmante bandera cívica para sacudir conciencias, movilizar voluntades y conmover corazones... pero termino con las ideas de cambios profundos, de unos y de otros (de críticos y oficialistas) despreciadas y arrojadas al cubo de la basura de las formulas mágicas que el uso canso y deformo, para dar lugar a un “mercadeo” obscenamente triunfante. No progresamos... retrocedemos.
Y cada vez se ira volviendo más absurdo hablar de “cambios” si nos empeñamos en el equivoco de identificarlos únicamente con los cargos y las personas. Ningún militante eligió a sus representantes para que los llevasen al “mercadeo”.
No faltaran sensibilidades delicadas que encuentren escandaloso y provocador lo que acabo de decir, aunque ellos mismos tengan que admitir que no he hecho más que enunciar algunas verdades elementales y transparentes, datos conocidos de la experiencia cotidiana de todos los que asistimos al congreso, simples observaciones de sentido común.
Esto me lleva a concluir que antes de que pensemos en exportar simulacros de democracia y “saber hacer” para nuestra Región, deberíamos encontrar la manera de producirla y distribuirla en nuestro partido. Creo firmemente que el PSRM necesita mucho más que la ilusión del cambio... necesita cambiar.